Si tuviera que elegir una palabra que se repite en mi consulta estas últimas semanas —y que también escucho en la fila del supermercado o en el chat de apoderados— no es "cansancio". Es agotamiento.
Diciembre en Chile siempre ha sido una carrera de obstáculos, pero este 2025 tiene un sabor distinto. Si en estos días te has descubierto gritando por un adorno roto, llorando en el baño por el precio de una cena, o sintiendo una desconexión profunda con tus hijos, necesito que sepas algo importante: No eres tú, es el contexto.
Lo que sentimos ya no es un simple estrés de fin de año. Como colegas de la Universidad de Chile han estado investigando, estamos viviendo una cronificación del malestar. Y créeme, tu cerebro está reaccionando de manera lógica a un mundo que nos exige demasiado.
La matemática que no cierra
Durante años nos vendieron la idea de que “si nos organizábamos mejor, podríamos con todo”. Agenda, crianza respetuosa, trabajo full-time. Pero hay un concepto que mis colegas Conejeros-Álvarez llaman "Desajuste Estructural", y creo que explica perfectamente lo que sentimos.
Es como una balanza rota. Por un lado, las demandas (lo que el mundo nos pide) se dispararon. Por el otro, nuestros recursos (tiempo, dinero, redes) se encogieron. Miremos los números, no para angustiarnos, sino para entender por qué estamos agotados:
Lo que nos pasa | El dato duro (2025) |
El Bolsillo Aprieta | Casi la mitad de las familias chilenas (48%) tiene dificultades para llegar a fin de mes. (Fuente: Ipsos 2025) |
Soledad | 1 de cada 4 personas en nuestra edad de crianza se siente sola. Criamos sin tribu. (Fuente: Achs-UC) |
Miedo Escolar | La violencia en colegios subió un 14%. El colegio ya no es solo aprendizaje, es una alerta constante en el WhatsApp. (Fuente: Mineduc) |
"Cuando el cerebro escanea peligros constantemente (ya sea bullying escolar o inestabilidad económica), apaga la empatía y la paciencia. No es que no quieras jugar con tus hijos; es que biológicamente no puedes relajarte si te sientes amenazada."
El "Grito Financiero"
Quiero detenerme aquí porque esto lo veo mucho en terapia. ¿Te ha pasado que le gritas a tu hijo por botar un jugo y luego te sientes la peor persona del mundo? Déjame decirte algo: probablemente no gritaste por el jugo. Gritaste por el costo de la vida.
Cuando nos preocupamos por la supervivencia (y el dinero ES supervivencia), nuestra amígdala —el centro de alarma del cerebro— toma el control. Y cuando la amígdala manda, la parte racional y paciente de tu cerebro se apaga. Gritas porque tu cerebro se siente acorralado, no porque seas mala madre o mal padre.
Una pausa para validar (antes de hacer)
Ahora, podría darte una lista de 10 tips para "gestionar el estrés", pero sé que lo último que necesitas es otra tarea en tu lista de pendientes.
Lo primero, y lo más valiente, es detenerse y validar el dolor. Vivimos en una cultura que nos empuja a "resolver" rápido. Pero está bien sentir pena porque la Navidad ya no tiene esa magia de antes. Está bien sentir rabia porque trabajas todo el día y el dinero no rinde. Está bien querer escapar un rato.
Date permiso para sentir que esto es difícil. Porque lo es. No necesitas fingir una “felicidad de comercial”.
Pequeñas islas de calma
Si logramos validar lo que sentimos, podemos intentar pequeñas acciones para protegernos. No son "tareas", son refugios.
Organizar el caos (La carga mental compartida) La sensación de desorden mental agota más que hacer las cosas. Si tienes pareja u otros adultos en casa, siéntense con un papel. Dibujen un círculo que sea "Diciembre" y divídanlo como una pizza. Regalos, comida, fin de año del colegio. "Yo me encargo de esto, tú de esto". No es pedir ayuda, es gestionar en equipo. Verlo en papel saca el ruido de tu cabeza.
Tiempo fuera (para ti, no para ellos) Solemos usar el "tiempo fuera" como castigo, pero yo te lo receto como medicina. Cuando sientas ese calor en el pecho que anuncia el grito, di en voz alta: "Necesito un momento". Enciérrate en el baño 3 minutos o sal a caminar. No es huir, es biología. Necesitas que baje la adrenalina para que tu cerebro racional vuelva a funcionar. Tus hijos aprenderán más viéndote regularte que viéndote explotar.
Tomate un respiro y conecta No necesitas meditar media hora. Se trata de micro-conexiones. Al llegar a casa, antes de girar la llave, detente un segundo. Respira profundo y pregúntate: "¿Cómo estoy entrando?", "¿Qué necesito soltar del trabajo antes de ver a mis hijos?". Ese pequeño umbral consciente puede cambiar la dinámica de toda la tarde.
Suficientemente Buenos
Para cerrar este 2025, te propongo un trato. Olvidemos la "Crianza Perfecta" de los libros y de Instagram. Apuntemos a ser, como decía el pediatra y psicoanalista Donald Winnicott, padres "suficientemente buenos".
Alguien que a veces pierde la paciencia, que compra comida hecha porque no alcanzó a cocinar, pero que es capaz de pedir perdón, de respirar y de volver a intentar conectar. Ese padre o madre real, humano y calmado (aunque imperfecto), es el mejor regalo que puedes dejar bajo el árbol este año.
Si sientes que el agobio te supera y necesitas un espacio seguro, en Comprende.me estamos para acompañarte.